Bienvenidos a Psicología de Vida

A través de este blog quiero compartir conocimientos y experiencias sobre la mente, el comportamiento y el sentir humano. Lejos de tecnicismos y diagnósticos psiquiátricos, me centro en la vida misma, en los condicionantes que influyen día a día en la felicidad o infelicidad de cada uno de nosotros. Para ello me baso en mi experiencia clínica en la consulta, en mi pasión por seguir formándome y aprendiendo cada año, cada día; en numerosas investigaciones que he contrastado; y cómo no, en mi experiencia personal. Mi objetivo es aportar y compartir. Mi deseo, poner en tus manos herramientas para ser más feliz.

domingo, 1 de junio de 2014

PERSONAS QUE "RESTAN"


         Quizás te haya ocurrido que después de estar con alguien durante un rato te notas especialmente triste, irritable, agotado, como si te hubieras quedado sin batería… Y piensas… "Si me encontraba tan bien hace un rato, ¿cómo es posible que ahora me sienta tan mal?" Una posible explicación es que esa persona con quien compartiste tu tiempo te haya “restado energía”.



        Recordemos que “donde pones tu atención pones tu energía”, por lo tanto, aquellas personas que buscan de forma constante captar tu atención, pero después no devuelven la suya, están quedándose con tu energía. Hay varias formas de captar la energía de otros. Vamos a explicar tres maneras: 



  1. El victimismo.
Se trata de aquellas personas que se sienten víctimas de sus vidas y constantemente necesitan ser escuchados. Buscan personas que donen oídos y atiendan a sus historias dolientes, a su continua queja y mala suerte. Los escuchadores terminan agotados, sin energía, porque aunque intenten dar algún consejo, estas víctimas no escuchan y generalmente, jamás lo llevan a cabo.
  


  1. La agresividad.
Son las personas que absorben energía de otras a través de la agresividad, generando temor, rabia o desánimo en sus presas.
Por ejemplo, aquellas personas que de repente te atacan con una crítica destructiva, o te culpan de que algo no haya salido bien. O incluso, sin necesidad de hablar, muestran gestos agresivos, como mirarte fijamente de forma intimidante. Son también aquellas personas que te hacen ver el lado negativo de las cosas. Así, si le comentas algo como “Voy a estudiar una oposición”, pueden responder “uff,  eso es perder el tiempo, está muy complicado aprobar”; absorbiendo tu energía y creando desánimo.  


  1. La ambigüedad.
  Se trata de aquellas personas que dan informaciones a medias, o de forma muy ambigua. Es difícil diferenciar cuándo hablan en serio o cuándo bromean. Generalmente a veces son distantes y otras veces cercanos, envolviéndose siempre en un halo de misterio. Generan desconcierto en los demás y es así como absorben la energía. Los demás invierten después su atención intentando pensar y descifrar “Qué querría decir con esto o aquello…”   



        Algunos expertos llaman a estas personas “vampiros energéticos”, por el hecho de succionar la energía de otros. También algunos, a mi parecer dando un tono de humor sarcástico, les llaman “agujeros negros”. Yo prefiero no designar en sí a la “persona” sino más bien a la “actitud” . Y es que si lo pensamos, todos en algún momento hemos caído en alguna de estas formas de “vampirismo energético”.


           CÓMO AFRONTARLO: "COMPASIÓN, PERO NO COLABORACIÓN"


        Generalmente las personas que intentan robar tu energía no lo hacen de forma consciente y premeditada. Su queja o su agresividad no es más que una muestra de su infelicidad. Por tanto, puedes mirarlos desde la compasión: ya tienen su propio castigo. Además, el sentimiento de compasión eleva tu energía, pero el sentimiento de hostilidad la agota.



       Sin embargo, tampoco podemos colaborar en su vampirismo. “Nadie quiere estar solo en el infierno”, pero acompañarlo no es salvarlo. Si alguien se está hundiendo en arenas movedizas es mejor no acercarte demasiado o también te hundirás. Puedes lanzarle una cuerda, y él o ella podrá elegir si agarrarla o no. Porque tampoco olvidemos que no podemos ayudar a quien no quiere ser ayudado...  

Mónica Ferrera, psicóloga. www.monicaferrera.es

miércoles, 23 de abril de 2014

¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL CAMBIAR?


Tal vez te hayas propuesto algún cambio en tu vida y, a pesar de varios intentos, no lo has conseguido. Quizás te propusiste romper con esa pareja tormentosa, dejar de fumar o ponerte en buena forma física. Sin embargo, tal vez lo hayas intentado con todas tus fuerzas, pero al poco tiempo… vuelves a retomar esa relación, vuelves a ser dominado por el cigarrillo o regresas a la vida sedentaria y a los kilos de más. Y todo ello con una sensación de… “No soy capaz”.

¿Por qué es tan difícil cambiar? 



LA FALSA EXCUSA: “ES QUE YO SOY ASÍ”.


Tras varios intentos de cambio, es muy socorrido decir: “es que yo soy así, es mi "forma de ser”. Como si tal forma de ser fuera algo que nos viene dado y no podemos cambiar, tal como el color de los ojos o nuestra estatura. 
He oído cientos de veces frases como: “Es que siempre he sido muy negativo/a”, “Soy muy débil”, “Tengo poca fuerza de voluntad”. Y por tanto, estas personas tienen la excusa perfecta para no intentarlo.

La ciencia ya ha demostrado la enorme plasticidad del ser humano. Esto significa su capacidad de cambiar. Me gusta explicar el concepto de plasticidad comparándolo con la plastilina. Imagina que moldeas un trozo de plastilina hasta crear una figura terminada. Ahora piensa que esa figura permanece sin tocarse durante años: la plastilina se habrá endurecido, se parecerá al barro seco, pero sigue siendo plastilina, es cuestión de darle el calor de tus manos y con esfuerzo podrás volver a ablandarla y moldear una nueva figura. 
La forma de ser, o personalidad es exactamente así. Realmente, la hemos ido moldeando creando pequeños hábitos diarios. Así, en nuestro día a día, acostumbramos a levantarnos más o menos a una misma hora, desayunar las mismas cosas, con nuestra taza favorita, ir al trabajo exactamente por el mismo camino, saludar a los compañeros exactamente con el mismo tono, con las mismas palabras, … cuando nos vemos ante personas nuevas reaccionamos de una forma parecida, algunas personas de forma más abierta, otras de forma más reservada… y así hasta construir una serie de hábitos que repetimos y que se nos hacen tan familiares que nos identifican. Y entonces la persona dice: “Yo soy así”. Por tanto, si una persona en varias ocasiones ha llegado a un nuevo grupo y ha permanecido callada todo el tiempo, dirá “Yo soy tímida”, la excusa perfecta para mantenerse en silencio cuando llegue una nueva ocasión similar.



LAS PRISIONES DEL HÁBITO


Como dijo el escritor Charles C. Noble: “Primero hacemos nuestros hábitos y luego nuestros hábitos nos hacen a nosotros”. 

 Y somos tan buenos creando hábitos, que nuestro cuerpo aprende estas costumbres y funciona solo, como si el cuerpo se convirtiera en la mente. Esto se llama "programa cuerpo-mente". Me explico:


Cada célula de nuestro cuerpo tiene inteligencia y memoria. Cuando repetimos una acción un número determinado de veces, el cuerpo termina haciéndola  solo. Por ejemplo, cuando aprendemos a conducir. En un principio necesitamos toda nuestra atención para esta acción compleja: nuestras manos manejan el volante y la palanca de marchas, a la misma vez que nuestro pie derecho pisa el freno, el pie izquierdo el embrague, nuestros ojos miran la carretera, los espejos retrovisores, etc. Todo ello, al repetirlo muchas veces, se vuelve un acto mecánico; parece que nuestro cuerpo conduce solo, sin apenas necesitar nuestra mente. Y si voy un paso más allá, podremos entender cómo este hábito nos la puede jugar: si pruebas a conducir un coche que se maneje de forma diferente (por ejemplo un coche de conducción automática), tu cuerpo tenderá a repetir su hábito del coche anterior, y tienes que hacer un esfuerzo extraordinario para ¡no tener un accidente!





Estos hábitos se establecen en forma de acciones o comportamientos, pero también en formas de pensar, de manera que si acostumbramos a tener pensamientos negativos o pobres: “Nada me sale bien”, “No tengo tiempo para nada”, “Me canso demasiado al hacer ejercicio”, nos identificaremos con SER una persona negativa o débil. Estos pensamientos hacen que nuestro cerebro segregue unas sustancias químicas (adrenalina, cortisol), que invaden todo el cuerpo haciendo que baje su energía, que se sienta cansado o incluso que llegue a enfermar. El cuerpo se acostumbra tanto a recibir esas sustancias químicas, que se llegará a comportar como un drogadicto que necesita su dosis de “malestar” para sentirse en equilibrio.



En este punto, nuestros hábitos negativos de comportamientos y de pensamientos construyen una especie de “programa cuerpo-mente” que funciona como una inercia  que nos hace seguir “siendo igual”: haciendo lo mismo y pensando lo mismo. Es como una prisión de la que vemos difícil salir… ¡pero no imposible!




INVERTIR EL PROCESO: REINVENTARSE.


Si hemos entendido que la forma de ser o personalidad podemos reducirla a un conjunto de hábitos, estarás de acuerdo con que los hábitos se pueden cambiar, ¿verdad? Y no obviamos que unido a estos cambios vendrán algunas dificultades. Permíteme darte algunos consejos para crear un “nuevo programa de tu ser”.


Un nuevo hábito se crea en 14 días. Según los expertos, si te propones un objetivo como empezar a hacer ejercicio físico cada día, los primeros días esto puede suponer un esfuerzo, pero si mantienes la acción durante 14 días, el cuerpo llegará a acostumbrarse, incluso a sentir placer mientras haces ejercicio, y por tanto, el cuerpo te ¡pedirá hacer ejercicio!

Aceptar la sensación de extrañeza. Si te propones hacer algo diferente de lo habitual, por ejemplo, conocer a gente nueva, tu “programa” no lo va a identificar como familiar, y dirás "qué raro, parece que no soy yo", y tendrás la tentación de desistir para volver a ser el mismo de siempre. Debes permanecer ahí, en tu nueva acción, y pronto te darás cuenta de que estás “venciendo la adicción de ser el mismo de siempre” para “reprogramarte”.

Ayudar al cerebro a reprogramar sus pensamientos. La ciencia ha demostrado que el cerebro no diferencia entre lo que piensa y lo que vive de forma real. Hacer diariamente alguna técnica de visualización, meditación, afirmaciones positivas u otras técnicas, instruyen al cerebro a cambiar sus hábitos de pensamiento.

Estar alerta de no volver al antiguo programa. No olvidemos que el ser humano tiende a volver a lo conocido, a lo familiar, aunque sea negativo. Para consolidar el “nuevo programa” de nuestro ser debemos estar siempre alerta, pero especialmente en los primeros 40 días, es la llamada “cuarentena”.



En resumen, se trata de volver a amaestrar a nuestro fiel sirviente, llamado cerebro, para que nuevamente despliegue todo su poder creativo y, con una humilde reverencia,  se coloque,amorosamente, a nuestros pies. 










miércoles, 5 de marzo de 2014

LA ENVIDIA


<<¡Oh, envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes!>>

                                                                                Miguel de Cervantes

      
  Con esta frase alude Cervantes a un sentimiento que en algún momento de nuestras vidas seguramente hemos experimentado: la envidia. En la Religión, la Envidia es uno de los siete Pecados “Capitales”, no por su gravedad, sino por ser raíz de otros males como el odio, el rencor o la venganza, que nos coloca en el extremo opuesto al amor al prójimo.

En la Psicología, la envidia es definida como el sentimiento de deseo intenso de algo poseído por otra persona. Las áreas cerebrales que se activan con la envidia son exactamente las activadas por el dolor. Es, por tanto, un sentimiento doloroso y altamente limitante, y por ello, he decidido tratarlo en este post, para aprender a gestionarlo y transformarlo en un recurso.



EL ORIGEN DE LA ENVIDIA


        Según algunos estudios, la envidia tiene una base biológica, y es por tanto natural sentirla. Sin embargo, la cultura, la sociedad o la educación, juegan un papel crucial en su desarrollo.


        Desde pequeños, somos educados en la competencia, en lugar de la cooperación.
       Si recordamos nuestro periodo escolar, ¿quién era el/la más listo/a de la clase?, aquella persona premiada, reforzada, con quién tal vez nos comparaban creando nuestra frustración. ¡O tal vez eras tú ese ser destacado! Y entonces tenías que soportar a tus compañeros/as, que a veces con desprecio, dejaban caer eso de... "¡¡¡Empollón!!!". Nuestro sistema de enseñanza aún sigue promoviendo competir, a través de innumerables pruebas y exámenes individuales, en lugar de inspirar hacia trabajos en equipo que promuevan el crecimiento mutuo y el bien común. Y este sistema es perpetuado con aún más intensidad en el panorama laboral.


        En este sentido, es curioso como otras especies parecen estar más “avanzadas” que la sociedad humana. Por ejemplo, los caballos. Los caballos viven en grupos o manadas, y cada uno tiene un papel diferente en el grupo, todo ello para lograr un único objetivo: el bien común. Un caballo quiere lo mejor para él, quiere ser feliz, es decir, evitar situaciones que se escapen a su control, como el ataque de depredadores. Busca su “bien-estar” y sabe que para sentirse bien, es condición que los demás también estén bien. Y se organizan de una forma jerárquica y perfecta para conseguirlo. 




        Pues bien, el ser humano también nace con ese valor de bien común, que, contrario a la envidia, propicia la solidaridad cuando vemos a otros que necesitan ayuda, y hace que nos sintamos bien al ayudarles.   



EL ALIMENTO DE LA ENVIDIA: LA CRÍTICA


Un claro indicador y alimento de la envidia es criticar a aquella persona que envidias. Al verbalizar tal comentario destructivo ya estás dándole poder en tu vida a la destrucción y no a la creación. Cuando estamos criticando, nuestro cerebro funciona en un alto nivel de estrés (ondas beta alta), totalmente contrario al bienestar y la creatividad.

En palabras del célebre Shopenhauer: “La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren.”



LA ENVIDIA: DE LÍMITE A RECURSO



        Como hemos referido, la envidia es un sentimiento natural, pero no por ello aceptable. Podemos transformar su carácter destructivo en una inspiración a crear en nosotros aquello que anhelamos de otros. Estos son los pasos a seguir para conseguirlo:


  1. Reconocer e identificar ante ti mismo el sentimiento de envidia. No es algo vergonzoso, recuerda que es algo natural y ¡te honra querer cambiarlo!
  2. Evita criticar a la persona que envidias. Si evitas hablar negativamente al respecto, te aseguro que este sentimiento se reducirá drásticamente.
  3. Observar qué es exactamente lo que anhelas de esa persona. Tal vez descubras que no te interesa tanto. O quizás que puedes ponerte en marcha para conseguirlo. Los humanos aprendemos por observación a otros, ¿qué tal si te inspiras a hacer algo parecido a ese ser que en principio envidiabas?
  4. Este cuarto paso es el más difícil, pero ayuda a disolver casi totalmente el sentimiento de envidia: declarar la virtud. Se trata de “decir a otros lo admirable de ese ser que tanto envidiabas”. Puedes decir, por ejemplo, “Es admirable como ha conseguido tanto éxito”, “La verdad es que tiene mucho talento”. Y un paso más lejos, es decírselo directamente a la persona que posee tal virtud. Te aseguro que tu valor al hacer esto habrá disipado cualquier resto destructivo de la envidia, convirtiéndola en un valor de valentía y reconocimiento, y por tanto, en una virtud propia.


¿Y SI TE ENVIDIAN Y TE CRITICAN A TI?


        Entonces significa que estás en el camino del éxito. No olvidemos que en nuestra cultura, algo bueno se define como “envidiable”. Mi consejo: mira a tus críticos con compasión, y sonríeles desde tu dulzura, ellos tienen su propio castigo con el dolor de su envidia. A veces, destacar o tener éxito es lo que más nos abruma. Pero...

<<No tengas miedo a brillar, porque antes o después, iluminarás a otros con tu grandeza y los inspirarás a que enciendan la luz de su propia virtud>>.


lunes, 3 de febrero de 2014

EL MIEDO A LA SOLEDAD



    Uno de los miedos más frecuentes en nuestra sociedad es el miedo a la soledad. Quiero referirme a la soledad como  ausencia de compañía, vivida con melancolía y tristeza. Uno puede “sentirse solo” por varios motivos, pero hoy voy a centrarme en la    soledad por no tener pareja.



     Hay personas que cuando no tienen pareja se sienten incompletas, desdichadas, y por ello su mayor intención es encontrar a quien denominan su “media naranja”. Esa persona que le salve, que le complete, que le aporte toda la felicidad que necesita. A veces esta necesidad se convierte en casi una obsesión, y estas personas buscan afanosamente esta  ansiada mitad, probando diferentes parejas, en la mayoría de ocasiones “fallidas”, que no hacen sino aumentar su frustración.



      Este concepto de amor como dos mitades que se unen proviene del Romanticismo, del  siglo XIX. Esta idea de amor considera que la felicidad está en la unión con otra persona, y si no es así, la vida carece de sentido pleno.




       Como consecuencia de este amor entendido desde el Romanticismo, es la otra persona quien tiene todo el poder sobre nuestra felicidad, quien nos aporta, quien tiene que completar nuestros “vacíos”. De esta forma, el amor se vive como una dependencia, a veces como un sufrimiento, por el miedo que se crea a perder a la pareja entendida como “la otra mitad”.



      Este concepto de amor es ya anticuado en nuestros tiempos, porque el ser humano ha evolucionado y estamos en una nueva era, y no sólo de avance tecnológico, sino de nuevas necesidades más profundas. Sin embargo, la cultura, a través del cine, la literatura y la música sigue perpetuando la idea de amor romántico. Quién no conoce letras como la folclórica copla que dice: “Cuando de veras se quiere, el miedo es tu carcelero, y el corazón se te muere, si no te dicen te quiero”. O temas del pop moderno como “Sin ti no soy nada”, del grupo “Amaral”; sólo por citar algunos ejemplos.



      Hay expertos que advierten que estamos ante una crisis de la pareja. Según datos estadísticos, el número de divorcios va ascendiendo vertiginosamente cada año, de forma que, en España,  en 2013 se habla de 3 parejas que se divorcian por cada cuatro que se casan. A menudo, poco tiempo después de la ruptura, muchas de estas personas establecen una nueva pareja como forma de superar su miedo a la soledad. Sin embargo, cada vez son más las parejas que optan por no casarse, y cada vez son más las personas que muestran insatisfacción con sus parejas. Algunas, se resignan a vivir en una relación tortuosa, por miedo a quedarse solas.




REALMENTE, ¡LA SOLEDAD NO EXISTE!



      Esta nueva era no casa con la idea de amor del Romanticismo, de dos siglos atrás. Ya no funciona responsabilizar a la otra persona de tu propia felicidad. Ha cambiado el concepto de amor de necesidad por el amor de deseo: Aprecio tu compañía y la deseo, pero no la necesito, que es muy diferente. De hecho, no existe forma de ser feliz si no aprendes a encontrar la felicidad en la propia individualidad. Solamente estar solo te permite establecer un diálogo interno y descubrir la fuerza personal. Y cuanto más aprendas a vivir en soledad, a estar contigo, más preparado estarás para establecer una pareja desde el respeto y el entendimiento mutuo.

      A veces, cuando mis pacientes llegan quejosos porque se sienten infelices de no encontrar pareja, les hago una pregunta de forma muy delicada, que les hace entrar en shock: 

    -“¿Tendrías de pareja a alguien como tú?” 
     Se hace un breve silencio, y luego responden…
     -”La verdad es que… no.”   
    -“Bien, entonces primero tendrás que aprender a estar  contigo, descubrir tu única compañía eterna, ese ser que siempre, siempre, estará contigo. Afrontar tus propios miedos y transformarlos en oportunidades. Apreciar esta compañía de ti mismo y llegar a disfrutar de ella. Aprender a contar contigo, apoyarte y sacar lo mejor de ti. Acceder a esa fuente de tu auténtica felicidad, que sólo puede estar en tu interior. Conseguir llenar esos vacíos que pretendes que sean llenados con otra persona, y sentirte un ser pleno en tu individualidad. Ya no eres una mitad, eres un entero. Y será fascinante cuando te sientas tan pleno y quieras compartir con alguien esa abundancia, y así intercambiar y potenciar con una pareja que ya no será quien te complete, sino un compañero de tu apasionante viaje.”





       Sólo existe una única persona que te acompañará siempre, y eres tú mismo. Estar solo te permite aprender a apreciar estar contigo, ¿qué mejor compañía? Por ello, realmente, amigo lector, podemos afirmar…



 <<La Soledad no existe, es sólo una distracción de ti mismo>>.






sábado, 14 de diciembre de 2013

¿QUÉ ESTÁS CREANDO EN TU VIDA? DONDE PONES TU ATENCIÓN, PONES TU ENERGÍA


        ¿Alguna vez te ha ocurrido que aquello a lo que prestas atención parece multiplicarse en tu entorno? Por ejemplo, si tienes intención de comprarte un coche todo terreno gris, ahora ves numerosos coches idénticos por todas partes; o si alguna vez te rompiste por desgracia algún hueso y tuviste que escayolarte, desde ese momento ves a gente con escayolas adonde quiera que vayas. O quizás estuviste recordando a ese viejo amigo que hace tanto tiempo que no ves y de repente te llama por teléfono, o alguien te lo nombra. Parece que “donde pones tu atención, pones tu energía”.


        Este fenómeno es denominado por la ciencia como el “EFECTO DEL OBSERVADOR”. Los científicos descubrieron con sorpresa en diversos experimentos que la materia se comporta de manera diferente cuando es observada por un observador. Esto significa que cuando observamos o prestamos atención en algo, directamente influimos en ello. Estos experimentos empezaron realizándose con moléculas simples de materia, observando átomos, electrones, y cómo estas partículas llamativamente cambiaban su comportamiento cuando eran observadas por una persona. Pero la ciencia ha llevado sus investigaciones un paso más allá y ha comprobado que nuestra atención influye poderosamente en la realidad que vivimos.



 
         Las personas dicen con frecuencia que en sus vidas tienen días buenos y días malos. Que hay días en que se levantan y sienten una sensación de tristeza, de agobio; y entonces siguiendo su rutina diaria se dirigen a la cocina a preparar su café y mientras tanto caen en la cuenta de que: “Uff, tengo que hacer la compra, falta leche, queda poco azúcar...” “Vaya, se ha parado el reloj… ¿Por qué demonios nunca me acuerdo de tener pilas de reserva?” “Se me hace tarde para llegar al trabajo… siempre igual, tendría que levantarme antes, soy estúpido” “Y ahora ¡a aguantar las idioteces de mi jefe!”. Y así empieza el día… con pensamientos pobres y negativos. Y esos son los días en los que llegas al coche y… “Vaya por dios, una multa por pasarme de la hora de estacionamiento…¿Me puede pasar algo más esta mañana?”


        Y luego están esos otros días “buenos”,  en los que te levantas, abres la persiana de tu habitación y miras esos primeros rayos de sol deleitándote del nuevo día. Y entonces te diriges a la ducha, cierras los ojos y sientes el placer del agua calentita en tu piel. Vas al armario para vestirte y piensas en qué afortunado te sientes porque hay varias prendas que te apetece ponerte hoy. Porque quieres verte bien, te apetece sentirte favorecido/a. “¡Porque hoy será un gran día!”




        ¿Y qué hay de diferente entre esos días buenos y los días malos? ¿Acaso son tus circunstancias las que cambian? ¿O más bien es que cambia tu mente? Esos días buenos son aquellos en los que decides enfocar tu atención en aquello que tienes, no en lo que te falta, y prefieres pensar en aquello por lo que te sientes una persona afortunada y exitosa,  no miserable. ¿Y qué ocurre en esos días? Tal vez la vida te sorprenda, y en tu trabajo te den felicitaciones por tu último proyecto, o quizás recibes un mensaje de invitación de aquella persona que tanto te interesa, o tal vez un regalo que anhelabas…  Esos días atiendes a tu abundancia y a tu éxito, y es abundancia y éxito lo que obtienes.
        Tu atención, tu intención y tu actitud esos días se abren y están dispuestos a recibir lo bueno, y no es extraño que lo bueno te alcance. O al menos eso nos dicen las investigaciones sobre el comportamiento humano y sobre física cuántica.



 ¿TE DECIDES?



        Tal vez estés pensando que todo esto no es fácil, o que ya lo has intentado, pero sólo eres capaz de mantenerlo por poco tiempo y luego vuelve a ser todo igual. Y te digo que llevas toda la razón, porque cuando decides centrar tu atención en lo positivo, para que tu vida se dirija a la abundancia y a la felicidad, esto es muy diferente a lo que estás acostumbrado. Y el ser humano es un ser vivo fuertemente arraigado a sus costumbres, y cambiar nuestras costumbres requiere un tiempo para crear hábitos nuevos y desplazar los antiguos.

        Por otra parte, también vivimos en un entorno en el que se habla de crisis, de pobreza, de miedos. Los medios de comunicación solo muestran las malas noticias y no los éxitos que muchas personas consiguen y las buenas obras que se hacen en el mundo, que te aseguro que ¡son muchas!






        Recordemos a personas como Nelson Mandela, Martin Luther King o María Teresa de Calcuta entres otros muchos líderes conocidos y anónimos que han cambiado y siguen cambiando el mundo. Estas personas no lo han tenido nada fácil en su lucha contra grandes lacras como la guerra, la pobreza o el racismo. Y en su camino  han tenido que enfrentarse a duros retos, a la oposición de masas que los tomaban por locos, incluso a castigos que pagaban con sus vidas.  Pero el poder de sus almas era más grande que todo eso, ellos nunca se rindieron de poner toda su energía en aquello que querían conseguir. Y lo consiguieron. Hoy en día tenemos un mundo un poquito más amable gracias a su grandiosa labor. Y estas personas,  que son exactamente como tú y como yo, nos pueden inspirar y recordar cuánto poder existe en cada uno de nosotros.  



Y tú…¿Serás suficientemente fuerte para trascender tu entorno y tus costumbres y empezar a utilizar tu poder creador?



Amigo, amiga, solo tú puedes decidir qué vida quieres crear para ti.





miércoles, 28 de agosto de 2013

¿CUMPLES TU PALABRA?... EL VALOR DE LOS "ACUERDOS"

           Seguramente alguna vez has sentido muchas ganas de conseguir algo y has jurado que te vas a esforzar lo máximo para conseguirlo. Entonces, para recordártelo, dices a las personas de tu alrededor frases como: “¡Esta vez ya no vuelvo más con él, te lo juro, no pienso hablarle jamás!”, o… “¡Voy a cuidarme en serio, pienso ir a correr todos los días!”, “¡Ya está bien, me levantaré temprano cada día, voy a estudiar 8 horas diarias mis oposiciones!”.  Sientes tantas ganas de conseguir aquello, que anuncias a los cuatro vientos que esta vez va en serio. Lo prometes. Ese es tu acuerdo.

          Pero… ¿qué pasa si esa energía del principio poco a poco se va desvaneciendo como un globo que lentamente se desinfla? Y a los pocos días, siguiendo con los ejemplos,  encuentras alguna excusa para volver a llamar a ese ex que tanto te ha dañado. O argumentas que hace demasiado calor como para ir a correr hoy, ya iré mañana. O que has pasado muy mala noche y pasas de levantarte a estudiar…

¿QUÉ OCURRE CUANDO ROMPES TUS ACUERDOS?

Cuando no cumples lo que dices, en un principio intentas justificarte, y argumentas que tenías motivos para romper tu acuerdo. Este es un mecanismo de defensa que intenta proteger tu autoestima. Pero en el fondo sientes que nuevamente te has fallado. Sientes que tus palabras no tienen valor porque no cumples lo que dices. Y las personas a las que juraste cumplir tu acuerdo ven que no lo has cumplido, y poco a poco vas perdiendo credibilidad. Los demás ya no confían en tus promesas. No te toman en serio. Pero lo peor es que tú tampoco crees es ti… Sientes tener una imagen muy débil ante ti, y ante los demás.

DENTRO DE TI HAY UN JUEZ... Y UNA VÍCTIMA

Desde pequeños hemos aprendido a que alguien hiciera de juez ante nosotros. Así, cuando hacíamos algo bien, nos premiaban diciendo: “Eres un niño bueno”. O bien cuando no hacíamos lo que papá y mamá querían nos castigaban diciendo “Eres un niño malo” o “Eres una niña mala”. Cuando respetamos las reglas o los acuerdos somos premiados, cuando no, somos castigados. Lo hemos aprendido tan bien que ahora somos nuestros propios Jueces.

La otra parte de nosotros es la que recibe esos juicios. A esta parte la llamamos Víctima. Es la que carga con la culpa, el reproche y la vergüenza. Nuestra parte Víctima es la que nos dice: “No eres capaz. No eres una persona suficientemente buena, inteligente, o atractiva. No mereces ser amada. No vales lo suficiente”. Y el gran Juez lo confirma: “No vales lo suficiente”…
Y si así lo creemos, repetiremos ese patrón de fracaso una y otra vez y  ¡esa será la realidad que seguiremos creando en nuestras vidas! 

EMPODÉRATE: HAZ SAGRADOS TUS ACUERDOS

Si de verdad quieres empezar a crear algo nuevo en tu vida, tienes que tomar consciencia de qué es lo que está fallando en ti, para revertir el proceso. Cada vez que te has propuesto algo, y has abandonado, has herido tu corazón, has perdido tu PODER. Cuando una persona pierde poder, repite frecuentemente “No puedo”, ante cada adversidad de la vida. Se rinde antes de luchar.
Y de nada sirve que alguien te consuele diciéndote “Verás como sí que puedes”. Desgraciadamente, has aprendido a no creer en ti.

Sólo te queda una opción: demostrarte con hechos que puedes conquistar, nuevamente, tu PODER. Demostrarte que puedes hacer acuerdos contigo y que serán un compromiso sagrado para ti. Una hermosa oportunidad de recuperar la confianza en ti.


TRABAJANDO LOS ACUERDOS

1.      Haz acuerdos importantes. Mira en tu corazón qué es importante para ti, qué necesitas conseguir para sentirte una persona más libre, más poderosa, más admirable ante ti.

2.      Haz pocos acuerdos. Se trata de darte una oportunidad viable. Te aconsejo empezar por uno, dos o tres acuerdos sencillos, prácticos. Para los que tengas que esforzarte, pero que puedas cumplir.


3.      Escríbelos. Puedes hacer un pequeño ritual de compromiso: cuando tengas claros tus acuerdos, escríbelos y colócalos en un lugar visible pero íntimo para ti. Léelos y recuérdate cada mañana que cumplir los acuerdos ese día es un gesto de amor por ti.

4.      Reconsidéralos, renegocia tus acuerdos. Puedes modificar o perfeccionar tus acuerdos siempre que esto sea para tu bien, y sin dejarte llevar por la pereza o la debilidad. Se trata de ir adaptándolos a ti, para ir conquistando poco a poco tu confianza en que puedes.

Si sigues estos cuatro puntos, irás conquistando tu PODER PERSONAL. “Poder”, porque sentirás que puedes. Que sabes lo mejor para ti, que te lo propones (lo acuerdas contigo) y ¡lo haces! Y entonces te sientes de maravilla contigo, porque tienes alguien fascinante en quien confiar: ¡en ti!.

“Ése es el PODER…

Cuando lo que piensas, lo que haces y lo que sientes, están en coherencia.
Entonces tu Vida está en Armonía.”









domingo, 26 de mayo de 2013

LA TRAMPA DE LOS CELOS


        En el ámbito de la pareja, podríamos definir los celos como esa emoción perturbadora que aparece ante la sospecha de que la persona amada nos reste atención a favor de otra.
       Creo que todos hemos podido vivir en algún momento esa incómoda perturbación. Con o sin fundamento, esta sospecha puede convertirse en una trampa “mortal” para la autoestima de la persona que la vive, y por supuesto, para la pareja.
        ¿De qué va a depender?
        De cómo reaccionemos ante tal sospecha.



UN EJEMPLO


<<Hacía varios días que notaba a mi novia un poco distante conmigo. Sé que tenía mucho trabajo, pero ya era raro que estuviéramos algunos días sin vernos siquiera. Tiene muy buen rollo con sus compañeros de trabajo, y aunque nunca le di demasiada importancia a esto, últimamente tenía la mosca detrás de la oreja.

Quedamos por fin el sábado en su casa, y pasamos una tarde estupenda. Ella se dispuso a ducharse para salir juntos a cenar. Todo parecía normal.

De repente, sonó un mensaje de Whatsapp. Era su móvil, lo había dejado sobre la mesa del salón, donde yo la esperaba. Sonaron  varios mensajes seguidos más. Mi pulso se aceleraba, empecé a sentir fuego en mi interior. ¿Quién sería? ¿Se confirmarían mis vagas sospechas? Empecé a sudar frío, sosteniendo el impulso de coger el móvil y abrir los mensajes. No pude más, lo hice.

Era uno de sus compañeros de trabajo. El corazón se me salía por la boca mientras abría el mensaje: “Eli, ¿estás ocupada? Tengo que comentarte algo, llámame si puedes. Si no, el lunes te invito a desayunar”. No sabía qué pensar… no podría aguantar sin preguntarle… Pero tenía pánico a su reacción al saber que había fisgoneado en su móvil. Me sentía los ojos desencajados, estaba fuera de mí… Cuando Eli volvió al salón, mi rostro cantaba que algo me ocurría, así que ni intenté ocultarlo…

Eli no me habló en un par de días, pero afortunadamente no rompió conmigo. Sin embargo, desde ese fatídico día, nuestra relación no es la misma, y mi desconfianza se ha ido alimentando, sin poder evitarlo. Ella me explica miles de veces que me quiere y me socorre cuando mis nervios se desatan. Se sacrifica renunciando a los cafés del trabajo, para que yo esté tranquilo. No sé cuánto durará la paciencia de mi amada... pero esta agonía también es un infierno para mí>>.


UNA TRAMPA SUTIL, PERO MUY PELIGROSA


En la dinámica de cualquier pareja, ha de existir un equilibrio entre la vida individual de cada miembro (su espacio propio, trabajo, amistades, familia…) y la vida de pareja (actividades y proyectos compartidos, amigos comunes, etc.). A veces estos dos espacios son adecuadamente acordados por la pareja; otras veces, surgen diferencias. Si estas diferencias son interpretadas como una falta de interés de la otra persona hacia nosotros, se forma un perfecto caldo de cultivo para las sospechas y la desconfianza. Entonces, empezaremos a imaginar que nuestra pareja ya no nos quiere igual, que se interesa por otras personas…
Entonces quizás pensemos que estas dudas tan tormentosas sólo podrían solucionarse si contrastamos con la realidad, en búsqueda de pruebas que confirmen o que refuten nuestras hipótesis.
Y es aquí donde empezaremos a crear esa sutil trampa en la que podemos, muy fácilmente, quedar mortalmente atrapados. Analicemos…
Hay múltiples formas de búsqueda:

-                Búqueda directa: pregunto directamente a mi pareja si me quiere, o si le interesa otra persona, pido explicaciones de qué hace o con quién está cuando no estamos juntos, cuando suena su móvil pregunto ¿quién es?, etc, etc, etc.

-                          Busqueda encubierta: esta categoría se forma de conductas más perversas, ya que se desarrollan “a espaldas” de la pareja: desde mirar su móvil, su correo electrónico, sus redes sociales (incluso robar contraseñas para tal efecto) hasta vigilar a escondidas o incluso contratar detectives privados.

Obviamente, por muy santa que sea nuestra pareja, ante tal despliegue de averiguaciones, siempre hallaremos algo que alimente nuestra sospecha, y más, filtrando tales datos con los ojos de la desconfianza. Ya dicen los sabios “el que busca, halla.”


NO DESCONFÍAS DE TU PAREJA: DESCONFÍAS DE TI

Podríamos pensar que los celos se establecen por una desconfianza hacia nuestra pareja, por temor a que nos abandone. Sin embargo, no es nuestra pareja la causa de esta duda. Si pensamos en ello, la clave está en nosotros mismos: desconfiamos de que nuestra pareja pueda ser atraída por otra persona porque no estamos seguros de ser suficientemente buenos como para mantener su amor. Desconfiamos de nosotros mismos, de nuestros propios encantos, y entonces pensaremos que cualquiera nos podría arrebatar a la persona amada.

A menudo esta desconfianza en uno mismo,  baja autoestima o inseguridad se agrava  al pedir ayuda a la pareja: pedir explicaciones, confirmaciones de que nos quiere, decir que nos muestre el móvil cuando ha mantenido una conversación con alguien…y todas las formas de búsqueda descritas anteriormente. Claro está, esas estrategias constituyen la gran trampa, pues mientras buscamos tranquilizarnos, no hacemos sino confirmar nuestro miedo, nuestra debilidad, y por ende, ser cada vez menos atrayentes ante nuestra pareja y ante nosotros mismos.


En resumen, estamos consiguiendo, sin querer, lo que más tememos: alejar de nosotros a la persona amada.


EL ANTÍDOTO A LOS CELOS: LA CONQUISTA DIARIA


Siendo realistas, no existe el “riesgo cero” en ninguna relación. Por mucho que amemos a nuestra pareja, tendremos que asumir que el riesgo de que se enamore de otra persona siempre va a existir. Y que en algún momento aparecerá una intrépida situación que nos lleve a la duda, a la trampa de los celos.
¿Cómo reducir al mínimo el riesgo de ser abandonados por nuestra pareja?
Sólo hay una respuesta: “Nunca te abandones a ti mismo” y de esta forma, es difícil que te abandonen…
No abandonarse a sí mismo significa cuidar la dignidad propia, el amor hacia uno mismo, y evitar caer en la sutil  trampa de los celos. Si a pesar de las adversidades que te hagan dudar en algún momento, te comportas con seguridad, dándote valor y confiando en que eres una persona muy valiosa, digna del amor de tu pareja, el fantasma de los celos pasará de largo.

Se trata por tanto de una conquista diaria a ti mismo: cuida de ti, de tu salud, de tu imagen, de tu disfrute, de tu propio espacio: amistades, metas personales… De este modo te amarás por ser una persona tan valiosa, y, como consecuencia natural, conquistarás diariamente a tu pareja.


<<Llega un momento en la vida 
en el que debemos decidir nuestro valor:
si ser como una vulgar bisutería
que nada pasa si se cae o se arrastra,
o ser una valiosa joya
digna del cuidado y aprecio
propios de su belleza y valor>>