Bienvenidos a Psicología de Vida

A través de este blog quiero compartir conocimientos y experiencias sobre la mente, el comportamiento y el sentir humano. Lejos de tecnicismos y diagnósticos psiquiátricos, me centro en la vida misma, en los condicionantes que influyen día a día en la felicidad o infelicidad de cada uno de nosotros. Para ello me baso en mi experiencia clínica en la consulta, en mi pasión por seguir formándome y aprendiendo cada año, cada día; en numerosas investigaciones que he contrastado; y cómo no, en mi experiencia personal. Mi objetivo es aportar y compartir. Mi deseo, poner en tus manos herramientas para ser más feliz.

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domingo, 13 de julio de 2014

SUPERAR UNA RUPTURA


     En un artículo anterior abordé cómo afrontar el final de una relación y cómo ponerse en marcha para tratar las heridas que una ruptura de pareja deja en el alma.( "Olvidar un amor": http://psicologiadevidapormonicaferrera.blogspot.com.es/2012/10/olvidar-un-amor.html)

     Sin embargo, superar una ruptura, sentir que las heridas ya han cicatrizado y que puedes mirar al futuro sin ataduras de dolor, nostalgia o resentimiento hacia tu ex, no siempre se consigue. A veces pasan años o incluso décadas, y las personas quedan ancladas en su antigua relación rota, sin poder avanzar en sus vidas ni en el amor.

   En este sentido puedo asegurar que, por muy dura que haya sido una relación o por muy traumática que haya sido la ruptura, superar el duelo es una elección. Es responsabilidad de la persona convertirse en víctima por largos años o, por el contrario,  pasar el duelo y salir fortalecida.



                                   QUE NADA SE QUEDE DENTRO

         Si te quedaron cosas por decir en la relación que te queman por dentro, todo eso ha de ser expresado. Si no es adecuado decirlo a la persona porque se puedan empeorar las cosas, puedes escribirlo en cartas dirigidas a ella, aunque no serán entregadas. Este ejercicio sirve para que ningún veneno de rabia o rencor se pueda enquistar en nuestro interior. No olvidemos que aquello que odias o rechazas se vincula con más fuerza a ti a través de toda la atención y el poder que le otorgas en tu vida.


                RESPETA A TU EXPAREJA, TAMBIÉN ANTE LOS DEMÁS

       Una parte de nosotros es la imagen que proyectamos hacia los demás. Si criticas a la persona que antes era tu pareja, estás criticando a una parte de ti, de tu historia, de tu pasado. Y lo peor es que de esta forma lo haces presente constantemente en tu vida. 
      Cuando decidimos amar a una pareja, va implícito arriesgarnos al desamor y al sufrimiento. Respetar tu pasado y las personas que elegiste como pareja, es respetarte a ti, a tu historia, a pesar de que estas personas te hicieran daño. 

       QUITAR EL ANCLA: LA ACEPTACIÓN

     
El verdadero reto para todos es aprender a aceptar lo imperfecto de la vida, de nosotros mismos y de los demás. Aceptar esta imperfección, aquello que nos haya ocurrido y volvernos compasivos con nosotros mismos y con los demás nos hará más libres. Aprender a amar lo imperfecto de la vida, del pasado, incluso aquello que nos hizo sufrir, nos da un enorme poder. Nos libera del ancla del resentimiento y convierte los errores cometidos en sabiduría al servicio de una vida más feliz.


       EL ÚLTIMO PASO: LA GRATITUD

      Poder mirar a la antigua relación y valorar todo lo que nos aportó y lo que nos hizo aprender, transforma todo sufrimiento en gratitud. Es como ser alquimistas del alma, transformando el pesado plomo en oro. Cultivar el agradecimiento mitiga todo victimismo y resentimiento, y cierra la ruptura con un broche de sabiduría y fortaleza. La gratitud permite mirar al pasado llenos de paz, poder valorar el amor recibido y poder archivarlo como una relación significativa en nuestra vida, gracias a la cual aprendimos y crecimos. La gratitud permite dejar libre al otro, desearle lo mejor y también así nos liberamos y deseamos lo mejor para nosotros.

Poder mirar atrás con agradecimiento es dar coherencia y sentido a nuestra vida. Es ver lo vivido como un paso necesario para llegar al momento presente. Y entonces el momento presente se vuelve mágico, cargado de vida y emoción. El corazón rebosa amor hacia uno mismo, hacia la vida y hacia todo lo que esté por llegar...




lunes, 3 de febrero de 2014

EL MIEDO A LA SOLEDAD



    Uno de los miedos más frecuentes en nuestra sociedad es el miedo a la soledad. Quiero referirme a la soledad como  ausencia de compañía, vivida con melancolía y tristeza. Uno puede “sentirse solo” por varios motivos, pero hoy voy a centrarme en la    soledad por no tener pareja.



     Hay personas que cuando no tienen pareja se sienten incompletas, desdichadas, y por ello su mayor intención es encontrar a quien denominan su “media naranja”. Esa persona que le salve, que le complete, que le aporte toda la felicidad que necesita. A veces esta necesidad se convierte en casi una obsesión, y estas personas buscan afanosamente esta  ansiada mitad, probando diferentes parejas, en la mayoría de ocasiones “fallidas”, que no hacen sino aumentar su frustración.



      Este concepto de amor como dos mitades que se unen proviene del Romanticismo, del  siglo XIX. Esta idea de amor considera que la felicidad está en la unión con otra persona, y si no es así, la vida carece de sentido pleno.




       Como consecuencia de este amor entendido desde el Romanticismo, es la otra persona quien tiene todo el poder sobre nuestra felicidad, quien nos aporta, quien tiene que completar nuestros “vacíos”. De esta forma, el amor se vive como una dependencia, a veces como un sufrimiento, por el miedo que se crea a perder a la pareja entendida como “la otra mitad”.



      Este concepto de amor es ya anticuado en nuestros tiempos, porque el ser humano ha evolucionado y estamos en una nueva era, y no sólo de avance tecnológico, sino de nuevas necesidades más profundas. Sin embargo, la cultura, a través del cine, la literatura y la música sigue perpetuando la idea de amor romántico. Quién no conoce letras como la folclórica copla que dice: “Cuando de veras se quiere, el miedo es tu carcelero, y el corazón se te muere, si no te dicen te quiero”. O temas del pop moderno como “Sin ti no soy nada”, del grupo “Amaral”; sólo por citar algunos ejemplos.



      Hay expertos que advierten que estamos ante una crisis de la pareja. Según datos estadísticos, el número de divorcios va ascendiendo vertiginosamente cada año, de forma que, en España,  en 2013 se habla de 3 parejas que se divorcian por cada cuatro que se casan. A menudo, poco tiempo después de la ruptura, muchas de estas personas establecen una nueva pareja como forma de superar su miedo a la soledad. Sin embargo, cada vez son más las parejas que optan por no casarse, y cada vez son más las personas que muestran insatisfacción con sus parejas. Algunas, se resignan a vivir en una relación tortuosa, por miedo a quedarse solas.




REALMENTE, ¡LA SOLEDAD NO EXISTE!



      Esta nueva era no casa con la idea de amor del Romanticismo, de dos siglos atrás. Ya no funciona responsabilizar a la otra persona de tu propia felicidad. Ha cambiado el concepto de amor de necesidad por el amor de deseo: Aprecio tu compañía y la deseo, pero no la necesito, que es muy diferente. De hecho, no existe forma de ser feliz si no aprendes a encontrar la felicidad en la propia individualidad. Solamente estar solo te permite establecer un diálogo interno y descubrir la fuerza personal. Y cuanto más aprendas a vivir en soledad, a estar contigo, más preparado estarás para establecer una pareja desde el respeto y el entendimiento mutuo.

      A veces, cuando mis pacientes llegan quejosos porque se sienten infelices de no encontrar pareja, les hago una pregunta de forma muy delicada, que les hace entrar en shock: 

    -“¿Tendrías de pareja a alguien como tú?” 
     Se hace un breve silencio, y luego responden…
     -”La verdad es que… no.”   
    -“Bien, entonces primero tendrás que aprender a estar  contigo, descubrir tu única compañía eterna, ese ser que siempre, siempre, estará contigo. Afrontar tus propios miedos y transformarlos en oportunidades. Apreciar esta compañía de ti mismo y llegar a disfrutar de ella. Aprender a contar contigo, apoyarte y sacar lo mejor de ti. Acceder a esa fuente de tu auténtica felicidad, que sólo puede estar en tu interior. Conseguir llenar esos vacíos que pretendes que sean llenados con otra persona, y sentirte un ser pleno en tu individualidad. Ya no eres una mitad, eres un entero. Y será fascinante cuando te sientas tan pleno y quieras compartir con alguien esa abundancia, y así intercambiar y potenciar con una pareja que ya no será quien te complete, sino un compañero de tu apasionante viaje.”





       Sólo existe una única persona que te acompañará siempre, y eres tú mismo. Estar solo te permite aprender a apreciar estar contigo, ¿qué mejor compañía? Por ello, realmente, amigo lector, podemos afirmar…



 <<La Soledad no existe, es sólo una distracción de ti mismo>>.






domingo, 26 de mayo de 2013

LA TRAMPA DE LOS CELOS


        En el ámbito de la pareja, podríamos definir los celos como esa emoción perturbadora que aparece ante la sospecha de que la persona amada nos reste atención a favor de otra.
       Creo que todos hemos podido vivir en algún momento esa incómoda perturbación. Con o sin fundamento, esta sospecha puede convertirse en una trampa “mortal” para la autoestima de la persona que la vive, y por supuesto, para la pareja.
        ¿De qué va a depender?
        De cómo reaccionemos ante tal sospecha.



UN EJEMPLO


<<Hacía varios días que notaba a mi novia un poco distante conmigo. Sé que tenía mucho trabajo, pero ya era raro que estuviéramos algunos días sin vernos siquiera. Tiene muy buen rollo con sus compañeros de trabajo, y aunque nunca le di demasiada importancia a esto, últimamente tenía la mosca detrás de la oreja.

Quedamos por fin el sábado en su casa, y pasamos una tarde estupenda. Ella se dispuso a ducharse para salir juntos a cenar. Todo parecía normal.

De repente, sonó un mensaje de Whatsapp. Era su móvil, lo había dejado sobre la mesa del salón, donde yo la esperaba. Sonaron  varios mensajes seguidos más. Mi pulso se aceleraba, empecé a sentir fuego en mi interior. ¿Quién sería? ¿Se confirmarían mis vagas sospechas? Empecé a sudar frío, sosteniendo el impulso de coger el móvil y abrir los mensajes. No pude más, lo hice.

Era uno de sus compañeros de trabajo. El corazón se me salía por la boca mientras abría el mensaje: “Eli, ¿estás ocupada? Tengo que comentarte algo, llámame si puedes. Si no, el lunes te invito a desayunar”. No sabía qué pensar… no podría aguantar sin preguntarle… Pero tenía pánico a su reacción al saber que había fisgoneado en su móvil. Me sentía los ojos desencajados, estaba fuera de mí… Cuando Eli volvió al salón, mi rostro cantaba que algo me ocurría, así que ni intenté ocultarlo…

Eli no me habló en un par de días, pero afortunadamente no rompió conmigo. Sin embargo, desde ese fatídico día, nuestra relación no es la misma, y mi desconfianza se ha ido alimentando, sin poder evitarlo. Ella me explica miles de veces que me quiere y me socorre cuando mis nervios se desatan. Se sacrifica renunciando a los cafés del trabajo, para que yo esté tranquilo. No sé cuánto durará la paciencia de mi amada... pero esta agonía también es un infierno para mí>>.


UNA TRAMPA SUTIL, PERO MUY PELIGROSA


En la dinámica de cualquier pareja, ha de existir un equilibrio entre la vida individual de cada miembro (su espacio propio, trabajo, amistades, familia…) y la vida de pareja (actividades y proyectos compartidos, amigos comunes, etc.). A veces estos dos espacios son adecuadamente acordados por la pareja; otras veces, surgen diferencias. Si estas diferencias son interpretadas como una falta de interés de la otra persona hacia nosotros, se forma un perfecto caldo de cultivo para las sospechas y la desconfianza. Entonces, empezaremos a imaginar que nuestra pareja ya no nos quiere igual, que se interesa por otras personas…
Entonces quizás pensemos que estas dudas tan tormentosas sólo podrían solucionarse si contrastamos con la realidad, en búsqueda de pruebas que confirmen o que refuten nuestras hipótesis.
Y es aquí donde empezaremos a crear esa sutil trampa en la que podemos, muy fácilmente, quedar mortalmente atrapados. Analicemos…
Hay múltiples formas de búsqueda:

-                Búqueda directa: pregunto directamente a mi pareja si me quiere, o si le interesa otra persona, pido explicaciones de qué hace o con quién está cuando no estamos juntos, cuando suena su móvil pregunto ¿quién es?, etc, etc, etc.

-                          Busqueda encubierta: esta categoría se forma de conductas más perversas, ya que se desarrollan “a espaldas” de la pareja: desde mirar su móvil, su correo electrónico, sus redes sociales (incluso robar contraseñas para tal efecto) hasta vigilar a escondidas o incluso contratar detectives privados.

Obviamente, por muy santa que sea nuestra pareja, ante tal despliegue de averiguaciones, siempre hallaremos algo que alimente nuestra sospecha, y más, filtrando tales datos con los ojos de la desconfianza. Ya dicen los sabios “el que busca, halla.”


NO DESCONFÍAS DE TU PAREJA: DESCONFÍAS DE TI

Podríamos pensar que los celos se establecen por una desconfianza hacia nuestra pareja, por temor a que nos abandone. Sin embargo, no es nuestra pareja la causa de esta duda. Si pensamos en ello, la clave está en nosotros mismos: desconfiamos de que nuestra pareja pueda ser atraída por otra persona porque no estamos seguros de ser suficientemente buenos como para mantener su amor. Desconfiamos de nosotros mismos, de nuestros propios encantos, y entonces pensaremos que cualquiera nos podría arrebatar a la persona amada.

A menudo esta desconfianza en uno mismo,  baja autoestima o inseguridad se agrava  al pedir ayuda a la pareja: pedir explicaciones, confirmaciones de que nos quiere, decir que nos muestre el móvil cuando ha mantenido una conversación con alguien…y todas las formas de búsqueda descritas anteriormente. Claro está, esas estrategias constituyen la gran trampa, pues mientras buscamos tranquilizarnos, no hacemos sino confirmar nuestro miedo, nuestra debilidad, y por ende, ser cada vez menos atrayentes ante nuestra pareja y ante nosotros mismos.


En resumen, estamos consiguiendo, sin querer, lo que más tememos: alejar de nosotros a la persona amada.


EL ANTÍDOTO A LOS CELOS: LA CONQUISTA DIARIA


Siendo realistas, no existe el “riesgo cero” en ninguna relación. Por mucho que amemos a nuestra pareja, tendremos que asumir que el riesgo de que se enamore de otra persona siempre va a existir. Y que en algún momento aparecerá una intrépida situación que nos lleve a la duda, a la trampa de los celos.
¿Cómo reducir al mínimo el riesgo de ser abandonados por nuestra pareja?
Sólo hay una respuesta: “Nunca te abandones a ti mismo” y de esta forma, es difícil que te abandonen…
No abandonarse a sí mismo significa cuidar la dignidad propia, el amor hacia uno mismo, y evitar caer en la sutil  trampa de los celos. Si a pesar de las adversidades que te hagan dudar en algún momento, te comportas con seguridad, dándote valor y confiando en que eres una persona muy valiosa, digna del amor de tu pareja, el fantasma de los celos pasará de largo.

Se trata por tanto de una conquista diaria a ti mismo: cuida de ti, de tu salud, de tu imagen, de tu disfrute, de tu propio espacio: amistades, metas personales… De este modo te amarás por ser una persona tan valiosa, y, como consecuencia natural, conquistarás diariamente a tu pareja.


<<Llega un momento en la vida 
en el que debemos decidir nuestro valor:
si ser como una vulgar bisutería
que nada pasa si se cae o se arrastra,
o ser una valiosa joya
digna del cuidado y aprecio
propios de su belleza y valor>>




domingo, 14 de octubre de 2012

OLVIDAR UN AMOR




<<Me consumo en mi fuego,
¡Señor, piedad, piedad!
De amor me estoy muriendo,
¡Pero no puedo amar!>>

                             Alfonsina Storni
  
     No es casualidad que el desamor sea un tema estrella en la poesía, la música o el cine…  Amor no correspondido, o más aún, perder al ser amado. Numerosos corazones se identifican con este dolor que, más tarde o más temprano, a todos nos llega. Sin embargo, no todas las personas afrontan de la misma forma una ruptura amorosa. Mientras que algunas personas recuperan su bienestar e incluso rehacen felizmente su vida a corto-medio plazo, otras parecen quedar condenadas de por vida al recuerdo doloroso de lo que pudo ser y no fue.

       ¿De qué dependen estas diferencias?


LA RUPTURA: UN DUELO QUE PUEDE COMPLICARSE

    Aunque el concepto de duelo se asocia generalmente al periodo que sigue al fallecimiento de un ser querido, el término duelo proviene de dolor, y es un proceso que sigue a cualquier pérdida, incluida la de una pareja.

     A veces la ruptura es especialmente traumática, por ser inesperada, provocada por una infidelidad,  o cuando la relación es tan tormentosa que no queda otra opción. En estos casos, el duelo puede complicarse si la persona no es firme en su determinación y se deja llevar por momentos de debilidad que le hacen buscar , a veces de forma impulsiva, algún contacto con su ex-pareja. A menudo este contacto es vivido de forma eufórica, como quien sacia la necesidad inminente de una droga; pero la consecuencia final es incrementar el dolor, al confirmar nuevamente,  que la relación es imposible. No obstante, y como acallando a la lógica de la razón, hay quienes insisten en seguir este impulso masoquista de buscar esa “droga”, aun pagando el alto precio de ir perdiendo, cada vez más la dignidad y la esperanza de recuperar la relación.

   Por la exactitud con la que coincide el proceso de la adicción a drogas, con la conducta descrita en el párrafo anterior, los expertos llaman adicción emocional  a esta búsqueda impulsiva de la persona amada. Esta similitud se cumple incluso a nivel bioquímico, con un importante paralelismo entre la estructura neuronal de una persona en proceso de ruptura y una persona adicta a la cocaína. Y como consecuencia, la desintoxicación de esta adicción podría alargarse y complicarse en la medida en la que  siga habiendo “consumo”, o en este caso,  contacto con la persona amada. 


LA ELECCIÓN

     Al igual que en la desintoxicación de sustancias, la recuperación de una adicción parte de un firme decisión. Una vez decidido, es importante ser consciente de que la única forma de superar el dolor de la ruptura es pasar por el medio: atravesarlo. Y para ello, se ha de asumir que será necesario distanciarse lo más posible de todo contacto con la ex-pareja. Incluso, es aconsejable dejar de hablar de ella, aún reteniendo el deseo imperioso de hacerlo, propio de la adicción, pues al hablarlo, el cerebro revive y fortalece una y otra vez la razón de su dolor. Se trata de superar, sin consumir, el periodo del síndrome de abstinencia emocional.

     En este sentido, el ser humano, como mecanismo de defensa, tiende a evitar el dolor,  y es por ello que en estos casos se desea de forma imperiosa olvidar lo antes posible a la persona amada y superar cuanto antes todo el proceso. Sin embargo, como decía Michel de Montaigne:

    "Nada fija tan intensamente algo en la memoria como el deseo de olvidar".

     El deseo de olvidar es un fuerte rechazo al dolor, pero el dolor necesita ser aceptado para empezar a sanarse (remito al artículo “Sanar el dolor” de este blog). Formas en las que se manifiesta este deseo de olvidar es rechazando todo recuerdo positivo que viene a la mente sobre momentos hermosos vividos en la relación. La persona intenta desterrar estos pensamientos, para no sufrir, sin embargo, en este intento sólo consigue atraerlos aún más y prolongar el dolor. En este sentido, es imprescindible aceptar que esos momentos hermosos son inolvidables, y que debemos darle un lugar en nuestro corazón. Para ello, y para ir curando el dolor asociado a ellos, se puede elaborar una especie de galería de recuerdos en la que representemos con una imagen mental cada recuerdo positivo vivido en la relación. Repetir diariamente este recorrido mental por la galería de recuerdos ayuda a ir cicatrizando la herida de la pérdida.


RENACER

     Cuanto más agudo es un sufrimiento, mayor es la oportunidad de crecimiento personal.  El desgarro de la pérdida de un ser amado crea un gran vacío que obliga a desarrollar los recursos personales a veces hasta límites insospechados. He oído testimonios de personas que sienten que han renacido, y que jamás hubieran pensado alcanzar tanta felicidad creciendo y redescubriéndose a sí mismas.


… el dolor de una ruptura amorosa 
puede hundirnos al fondo del abismo…

 …Decidir tomar impulso hacia la superficie 
puede elevarnos a divisar
 nuevos y apasionantes horizontes…


 

martes, 3 de julio de 2012

AMORES QUE SANAN


 <<A punto de cumplir 59 años de edad, pero con la apariencia de ser una década mayor, José se pasaba las horas sentado en aquel mullido sofá, con la mirada perdida sobre la pantalla del televisor. Un infarto de miocardio había precipitado su jubilación, después de trabajar durante 41 años, unas 10 horas al día. De carácter reservado y solitario, su vida se había limitado a aquella fábrica, donde su seca cordialidad nunca trascendió hacia la amistad entre compañeros. En su familia, con su dulce esposa Amalia, y su hijo Fernando, un hombre optimista y carismático, la actitud de José se mantenía en su modo independiente y aislado, propio del trabajo en cadena de la fábrica. Con el talante de quien se rinde ante la vida, renunciando a cualquier nueva ilusión, José se indignaba ante las continuas sugerencias de su hijo: “Papá, deberías pasear un poco o aficionarte a algo. El médico dijo que la depresión aumenta el riesgo de otro infarto…” Pero estos consejos resultaban endurecer aún más su postura de derrota.

Una mañana de sábado, Fernando llegó a casa con una mantita en sus brazos, envolviendo un pequeño cuerpecito. Al acercarse a su padre, la mirada escéptica pero curiosa de éste descubría en la mantita el pequeño hocico de un cachorro. “Papá, es de un amigo, me ha pedido que lo cuide unos días”. Los ojitos inocentes y desvalidos del animal no tardaron en arrancar una sonrisa al rostro de José, que lo acarició con ternura entre las orejitas.

 El lector podrá imaginar que se trataba de una mentira piadosa. Rocco, así lo llamó José, se convirtió en pocas semanas en su mejor amigo, cómplice y compañero de paseos y  juegos, de bromas y risas, y conquistador de una mejor salud en su corazón y en el carácter de su dueño. Como la nieve que se derrite al calor del sol, José se volvió cada vez más cálido y cercano, incluso con las demás personas. >>




Esta historia basada en hechos reales (los nombres de sus protagonistas no corresponden a los reales por respeto a su intimidad) es sólo un ejemplo que ilustra los resultados obtenidos por diversos estudios:

La revista americana de Cardiología American Journal of Cardiology publicó que las personas que habían padecido un infarto acompañado de peligrosas arritmias tenían seis veces menos posibilidades de morir si poseían un animal doméstico.  Otro estudio revelaba que las personas ancianas que disponen de una animal doméstico tienen más resistencia psicológica frente a las dificultades y visitan menos a su médico. Incluso, si la persona tiene muy limitada su movilidad, se ha constatado que el simple  hecho de cuidar de una planta reduce a la mitad la mortalidad de los pensionistas que viven en residencias de mayores. Una investigación llevada a cabo con enfermos de sida mostró que los propietarios de un perro o gato estaban más protegidos de la depresión. De hecho, también se ha demostrado que la simple presencia al lado de un animal nos torna “más atractivos” a los ojos de los de los demás y aumenta los contactos sociales.




Los seres animales tienen el poder de conectar instintivamente con el estado de ánimo de las personas, y estimular la interacción compasiva y amorosa en ellas.  Pruebas químicas han demostrado que después de unos minutos acariciando a una mascota, tanto el humano como el animal empiezan a segregar hormonas beneficiosas como la oxitocina y la feniletilamina, también llamadas hormonas del amor, ya se son producidas en grandes cantidades durante el enamoramiento. Estas hormonas son las mismas que produce nuestro organismo cuando abrazamos, acariciamos o simplemente miramos con ternura a alguien. Estimulan los centros cerebrales del bienestar y tienen un efecto similar a un potente antidepresivo.

Según algunos estudiosos, los beneficiosos terapéuticos del contacto emocional con animales son aún más amplios.  Establecer una comunicación afectiva con animales, más aún desde una relación de confianza y no violencia se convierte en una terapia de gran valor. Actualmente, estas son las bases de terapias asistidas por perros, delfines o caballos, con resultados muy positivos en personas con o sin problemas. Se trata de un acercamiento a nuestros orígenes, a nuestra esencia emocional de detenernos y sentir; una esencia de la que quizás la vida cotidiana llena de obligaciones y aspiraciones nos aleja.   

Todos estos datos nos revelan una vez más que la relación afectiva en sí misma es un potente curador. Detenerse, sentir, dar y recibir amor sana las enfermedades del cuerpo y del alma… y puede trascender hasta convertirse en una toda una Filosofía de Vida...